Siento que te quiero


siento que te quiero

Generando latidos -mi corazón-, un atípico tic tac
está sintonizando una frecuencia de atónito desvelo
realidad inesperada, hoy se impulsa sin temor.

Tiempo emergente, sujeto a tu presencia, insólita cuestión;
retenerte en recuerdos, palabras, gestos… Así, tan de repente,
ordenándose en detalle nuestros sentimientos -escapatoria final-

Ya no aparecen sentencias ni arrepentimientos, estamos aquí,
anhelando que dicha confesión, no sea un simple cumplido.

Por alguna extraña razón has cambiado mi vida,
no me propuse quererte, sin embargo tienes un cierto misterio
que envuelve mi vida de ilusión, -no hace falta comprobación-

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

Se hizo costumbre quererte


Contemplando la distancia,
aparece un desglose de antaño;
palabras que describen un desvelo,
de innumerables razones perdidas.
Situaciones simples que recorren una historia
miradas esquivas -circunstanciales-.
Texturas ocultas, encerradas en el tiempo
poco a poco se transforman en ciclos abreviados.
Requerimientos inusuales, influyentes -como siempre-.
¡Oh! cuánto me importas, vida mía…

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

Acróstico a San Luis Rey de Francia


Santa divinidad, eterna plegaria,
Alma de esencial fe y gloria,
No puedo olvidar tu valentía…

Linaje sublime de eufonía;
Umbral mágico del pueblo afable,
Inspiración leal del poeta amigable,
San Luis, alma sagrada de piedad.

Resurgirá en el eco peregrino,
El fervoroso aliento del camino
Y en nuestras almas la fe será paz.

Digna quietud de ilusión en tu faz,
En los nobles milagros de bondad.

Fortaleza del templo de oración,
Revives la esperanza y el perdón;
Anhelante le pido al destino
Navegar en tu manantial cristalino
Con humildad, devoción y dulzura;
Impregnando estarás de ternura…,
Amparándonos siempre con tu sabia predilección.

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

Evocación


Nostalgia escondida en recuerdos evocan tu nombre,
tierra mía GUASUNTOS…,
cada instante recorro las huellas
que el aroma vesperal dejó en tus calles…





















Mi eterno Guasuntos





Guardián de mis sueños profundos
capullo de incesante aurora;
eres el triunfo verdadero del destino;
bajo tu firmamento el himno del consuelo
es el anhelante significado de la vida.

Tierra mía, perla pura y diamantina
del silencioso ocaso surges
sobre la eterna consagración del espacio.

Bello paisaje andino
que entre tus cúpulas de oro vas ciñendo ilusiones.

Permíteme que el corazón acaricie la ternura
que la brisa de tu nido me regala;
porque sin tus recuerdos
es imposible que en la dolida alma
renazca la ilusión,
permíteme que mi nostalgia arrulle
el verdadero e ideal resplandor de tus entrañas.

Eres mi eterno refugio
eres mi mundo, eres mi fuente.

En el sendero que me brindaste
la soledad va desapareciendo,
porque el divino atardecer
de tus noches estrelladas
me hizo comprender que bajo tu cielo
la esperanza es real, y
la ilusión es perfecta.





Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

Cuestionamiento vano


 

Escondido entre el recuerdo

sin merecimiento alguno aparece el reclamo.

 

Así, se expresa la intolerable hidalguía

consumiendo el sendero aproximado…

 

Ingenio presumido, prudencia innecesaria

simples contradicciones generadas

por la enésima figura que aún ronda la espera.

 

La nostalgia no se imagina tal desmedro,

burla inoportuna de la incipiente relación que no acaba.

 

Y como si la importancia no bastara

todavía -me pregunta por ti-

preámbulo impuesto de un juramento circunstancial.

 

Radical ir-respeto de aquel camino solitario –ultrajada calma-

que agoniza en la mirada insinuante del destino.

 

Nos hizo falta algo más de historia,

conciencia dividida en atuendos inertes –apariencia-

 

 

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

LLORANDO


Sí, enamorada de tu imagen
tu sonrisa, ¡enamorada¡,
lo predico siempre…

¿Cómo imaginé amarte tanto?
¡No lo comprendo!, si mis labios
tristemente humedecidos,
claman tu nombre, hasta saciarse
de un dulce veneno mortal.

Llegué a pensar que mi vida
sin tu recuerdo no existiría;
hoy descubro que: ¡te quiero,
sí, te quiero, te quiero!, ¡¡pero,
no te amo!!.

Llorando incansablemente
gotas fugaces de rocío
reconozco mi tragedia.

¿Qué culpa tengo?,
si, mi corazón no te olvida,
dime, ¿qué culpa tengo?,
si mi pensamiento sueña contigo;
dime por favor, ¿qué culpa tengo
de añorarte tanto?.

¡¡Dímelo, estoy llorando!!

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia