Visual Analytics & Big Data. Data Scientist. Open Data. Open Access. Data Mining. R. Weka. Scientific divulgation. Researcher. Also, I'write poetry: "Art perfects the senses"
Llegaron para reforzar los cimientos, son puntales, son contravientos...
Llegaron para enseñarnos a perdonar, Emilio, colección de aventuras, Emilia, álbum de ocurrencias, el primero con siete años y medio, la segunda con un año y tres meses...
Ellos dan pasos firmes, esparcen semillas con la ayuda del viento cálido, recolectan frutos del limonero y del ciruelo, chapotean sonrientes bajo la lluvia..
Llegaron para ser libres, reproducen el canto del tucán, quieren ser vuelo de golondrina...
Lilia Quituisaca-Samaniego San Bernabé, Ecuador Diciembre, 2021
Desde hace algún tiempo los fines de semana se volvieron sagrados, sin dioses ni adioses.
La sensibilidad fluye en el saludo del tucán; la emoción aturdida del naranjo no descansa; las golondrinas confiadas hicieron su nido a pocos pasos del guayabo; la mala hierba cedió, prudente se alejó de los limoneros; a diferencia de los escarabajos que llegan de visita para nutrirse de los algodones dulces de la guaba abierta o el festín escandaloso de las hormigas cuando los frutos del arazá se desprenden. A esto le añadimos la frescura del ciento de plantas nuevas (café, cacao, almendro, mango, ciruelo, toronja, aguacate, papaya, etc.) donde sobrevuelan mariposas inmortales.
En medio de estos pasajes levantamos la guailanga, 18 manos familiares danzan sincronizadas, hombros de amigos impulsan realidades y los pasos generosos de los nuevos vecinos nos dan tranquilidad.
A pulso tallamos el bambú y le sometemos a estructurarse, la bondad de la madera de uva es evidente cuando acepta que los tornillos usen su resina para adentrarse hasta las vértebras.
En la vida vale consumir sueños hasta que se vuelvan físicamente imposibles de desterrar.
Además, la magia puede crearse y está gratamente comprobado, pues el rostro de mi familia y amigos reflejan sendos jardines de lirios e ixoras.
Aquí comienza el proyecto más grande LeaMoS y cada uno de ustedes serán partícipes para conseguirlo.
Lilia Quituisaca-Samaniego San Bernabé, Ecuador Noviembre, 2021
Son nietos: saltan entre dimensiones espaciales, tararean canciones en notas compuestas, libres de miedo, fuertes, robles en crecimiento...
Son hijos: experimentan tropiezos sin permiso, algunos descienden en caída libre, desobedecen al vértigo, aprenden, robles tallados...
Son padres: edifican porvenires entre sendas, huertos y ramajes, cuestionan sin misticidad, pulen robles sin arrancar la raíz...
Son abuelos: encienden faroles dormidos, abren caminos con brújulas ajustadas, cuidan a sus padres, comprenden a sus hijos y miman a los retoños nacientes de roble, sus nietos...
Son bisabuelos: cicatrizan heridas cansadas con melancolía, ventiscas desnudas, roble de hierro con una docena de semillas, la mitad de ellas solo esporas desmemoriadas...
¿Para qué guarecer? Si los pedazos del corazón migraron a las lunas de Júpiter, los anillos de Saturno entumecieron esas pupilas lejanas, y en latas de hierro se retienen sus alas cansadas.
“...cuando las dulces violetas enferman, su fragancia se prolonga en los sentidos...”
(Cuando las suaves voces mueren, Percy Bysshe Shelley)
Un año lleno de emociones positivas y otras que necesitaron un abrazo, remedio exclusivo que solo tiene su marca, justo la de mis padres. Gracias por enseñarme a disfrutar el trabajo en la tierra y amar la naturaleza. Gracias por incubar sueños compartidos y encaminarlos hasta convertirlos en proyectos. Gracias por ser mis ojos cuando los míos envejecieron y perdieron la noción del trayecto. Gracias por ser mi bastón cuando mis vértebras no soportaron el peso del engaño. Gracias por acompañar mis pasos y caminar sobre espinas hipócritas. Gracias por la confianza y libertad otorgada desde mis primeros días. Gracias por ser mis lectores estrictos y dejar que mis frágiles garabatos sean responsables en el pensamiento mío.
Gracias a ustedes, mi familia, por sostener mi ira, porque lo hubiese lanzado como ráfaga sobre la humanidad misma de esos oportunistas a los que renuncié.
Y claro, a los que amenazan mi integridad, a los que fastidian mis días, a los amnésicos que olvidan sus deudas y hasta a los que me proponen que nos les haga quedar mal, les digo basta; pues los demás de sobra saben lo mediocre que son; ustedes desconocen la energía que uno tiene para renacer y ningún agravio empaña la credibilidad que tiene un nombre bien puesto.
Finalmente, soy yo, Lilia, la que me impongo retos y me esfuerzo por cumplirlos, la exigente conmigo mismo y en mi vida están los que deben estar, ni más ni menos…
Post data: Mi familia está compuesta por los seres que amo: mi abuelo, mis padres, mis hermanas, mis sobrinos, pocos tíos, algunos primos y contados amigos.
Hace más de un año comenzó la búsqueda de un santuario vivo; entre viajes, planes, cantos y letras lo encontré. Bastó una sola visita para convencerme que sería mi refugio. Luego de todos los trámites para adquirirlo; comenzó la aventura de plasmar lo soñado, claro que siempre tengo la fortuna de encontrarme con personas extraordinarias que me aconsejan y junto a mi familia aprendemos cada día un poco más.
Así que oficialmente en el mes de agosto por la recomendación y acompañamiento de un amigo y su mamá optamos por comprar un primer lote de más de tres docenas de plantas frutales y ornamentales en el mejor vivero que tiene el cantón La Concordia, otras también fueron compradas en Santo Domingo.
Hasta hoy llevamos sembrando como un centenar de plantas frutales en tierra fecunda (cacao, café, limón, aguacate, mango, mandarina, ciruelos, chicle, uva, zapote, almendros, nuez, etc.). Además, tenemos árboles que resguardan años de historia (pambil, roble, guaba, guayaba, etc.), nos cobijan de sonidos, un coro de sinceramientos se escucha cuando destilan rocío. Sobre éstos árboles de la quebrada rondan aves con plumajes cálidos, pálidos y hasta con texturas fosforescentes y tal vez nunca terminemos de inventariar el sinnúmero de insectos, animales y demás apariciones que poco a poco nos aceptan ser parte de su tranquilidad.
Finalmente, sé que este lugar será la cuna de los que vendrán.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.
(Jorge Luis Borges)
Treinta y tres años más once bisiestos,
senderos compartidos con cuatro tallos injertos.
Fue domingo, once de septiembre
cuando intercambiaron miradas talladas,
únicas promesas inscritas de los que viven.
Hogar frondoso:
lirio que nace en la aurora de agosto,
geranio bicolor apostado en octubre,
topacio salvado los días de diciembre,
cuarzo preclaro de abril, diste vida en junio y septiembre.
Brújula empalmada con evidencias,
compás de cuerda y tonada,
serenidad otorgada por 44 tiempos...
Cuando irrumpieron la tarde y vaciaron mis manos, desgarraron del alma la confianza y del pensamiento la generosidad. Ese día aprendí a usar las manos vacías, ásperas de sentido. Instintivamente me cubrí el rostro para ocultar un sin fin de lágrimas que cayeron por 45 minutos en el trayecto de regreso. No pude gritar, nadie estaba a mi lado, hasta la presencia del fantasma protector faltó… Llegué a casa, me descompuse mucho más, esas lágrimas furtivas eran vertiente decepcionada, descontrol fulminante, ira inmóvil. Me sentí cobarde, culpándome del comportamiento de esa persona que no fue capaz de ser leal ni con ella mismo.
No faltó un bocado de agua transparente de mi hermana mayor, la repelada de mi hermana menor. Mis padres vieron mis párpados hinchados, se acercaron prudentemente y con un abrazo intentaron aminorar mi desgano de hablar.
Mamá, con dureza me exigió que no llore más, en cambio papá pasó un pañuelo de color gris por mi rostro, nunca tocó mis ojos y con firmeza mencionó —Lo que haya pasado ¿merece que llores?
No quise responder. Entonces, me llevaron al lugar de los juicios, la mesa de laurel, siempre estaba preparada. Todos sentados, atentos para escuchar mi relato con argumentos válidos.
Desvainé el último hálito y me culpé las veces necesarias por seguir siendo la niña confiada, la joven generosa, la mujer engañada… Aquella tarde-noche, ellos, me dijeron que «si otra vez sientes las manos vacías, a manos llenas empuña los retos, empuña la tierra y construye tus metas aunque solo tu sombra te acompañe«.
Inmediatamente, me abrigaron en su nido extendido, acompañaron mis pasos, los primeros miembros de mi familia impusieron el ritmo con su ejemplar valentía y los que iban detrás me dieron la confianza para no quedarme rezagada; decidieron levantarme cuando caí por la decepción, ofensas y deslealtad de quien creí que era distinto.
¿Cuánto duró la audiencia?
Han pasado 40 meses y este domingo al nombrarte, ya no dueles; se esfumaron de mis recuerdos el maltrato, la manipulación exclusiva y hasta tus cuotas impagas se vuelven nada frente al regocijo de estar junto a mi familia, sé lo que significa tener una y sobre todo tener a mis dadores de vida como mis guías permanentes.
Por eso, para mi «…valorar, no significa «monetizar» o «firmar compromisos», valorar, es «exigirse más» para cumplir con los objetivos que se propone; pero, cuando uno se dilata para no cumplir, eso para mi es un engaño y por ende se pierde la confianza…»