Categoría: Obra artística
A conciencia reiterada
Consentir el uso (abuso) de jerarquías, tendría validez si no confundieran conceptos; triste reverencia, todo es urgente, prioritario. Dan órdenes superiores, ideas oportunistas y sin proceso alguno; pretenden hacer «de aquello» una apremiante historia. Así de simple son las ironías de la vida, cuando de nada sirve conocimiento o experiencia; más bien atiborran de sentencias banales a propuestas capaces. La estructura lógica de la conciencia empieza su retiro, los cuestionamientos fueron inútiles a empecinadas adopciones, de nada sirvió explicar el significado de burocracia (burrocracia). Autor: Lilia Quituisaca-Samaniego
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Impulso decisivo

Cuando cruzo el umbral del silencio,
recorro un final inesperado…
Maldigo momentos de intentos cohibidos,
besos arrastrados con huellas de caricias no visibilizadas.
Más cuando todo estaba por terminar,
apareces de la nada, ¿qué intentas?
Un vendaval de sensaciones impulsa tu interrogación,
verano de rimas aturdidas, falsa sonrisa acompañada de elogios.
Palabras, palabras –sólo eso- llamadas de perdón tardío,
gesto inoportuno, fatídica figura que ensordece mi tino.
Aunque tu inclemente orgullo pregone dolor
no habrá otra muerte para mi corazón…
Autor: Quituisaca Samaniego Lilia
No fue, no es, ni será
Autor: Quituisaca Samaniego Lilia
PARAÍSO PROHIBIDO

Cortina litigante de soberbia tesitura
que se esparce en la sombra perspicaz de tu penumbra.
Un millar de colores ufanos se entremezclan
reflejan la infortuna herencia de un abismo,
aquellas ramas de débil estructura
se minimizan al verse derrotadas –esclava peregrina-
Pálida envoltura, más de una triste mirada
denota el gris sabor de la derrota
corren en sigilo buscando refugio -sin sentido-
No es tu silencio, sino tu mirada,
una mirada inerte que sedienta de guerra
va muriendo con hastío –prisión disimulada-
Un centenar de individuos en hileras van cayendo
hasta la tumba de un corazón oprimido,
lástima que antes fue un paraíso prohibido.
Autor: Quituisaca Samaniego Lilia
A tu recuerdo

Si antes te amaba con locura –fuerza platónica del destino–
hoy comprendo que jamás dejé de hacerlo,
más aún sabiendo que me recuerdas…
El lunar que resalta tu rostro fue mi perdición
y aunque nuestros destinos son caminos separados
en mi corazón sigue plasmándose con fuerza tu nombre…
Muchas veces sujetaba el ímpetu de besarte
y no tan sólo decirte en poemas lo que siento.
¿Qué te quise? con el alma y tú lo sabes,
mi delirio siente viva la esperanza…
Quiero que la mirada nos invite
a devolvernos el amor que creímos haber perdido,
no será fácil el silencio que debemos vencer,
pues tú y yo nos dejamos arrastrar por la soledad
y pretendimos aceptar que buscando otro amor
acabaríamos con la rutina de recordarnos –pasión–
Autor: Quituisaca Samaniego Lilia
Suspiro de alerta

Brújula esculpida en tintes de hojalata
una frase de indebida confusión aparece como si nada,
sosteniendo en la temible osadía un reencuentro sin palabras, sólo miradas.
Ya no te echo de menos,
aunque sigas pretendiendo entrar en mis recuerdos,
hay un muro de contextos que lo impiden,
no es una disparatada historia ni un hechizo de inconforme descuido,
simplemente es un camino que el destino me regala de por vida.
Tiempo, verdad, mil kilómetros de temple encendido,
sin necesidad de pasaporte para atravesar una agonía
que fue diagnosticada como incipiente.
No me importa si son tres, cinco,
siete o los diez días de marzo que desvistieron mi orgullo;
solo ha quedado el producto de aquella suma -días perdidos-
graficados con mentiras, disfrazados con escarcha y vino tinto.
Si antes mi frontera fue tu olvido,
hoy mis penas se aminoran
finalmente tus huellas de mi son arrancadas – pócima de hastío.
Mañana se enmarcará una suplida leyenda,
justa enmienda que no ha reclamado dilatación -sarcófago frío-
compromiso que hoy asumo sin firmas ni prejuicios
sencillamente ya no te quiero en mi soledad ni en mi silencio.
Prisionera
Ausencia, coincidencia del destino.
¿Será que tu insolencia no fue tan sólo un equívoco sentido?
Acaso no entiendes que ese te quiero lastima aún mi camino.
¿Por qué me preguntaste si te había olvidado?
Sabes que la conciencia aún traiciona mis sentidos -me acuerdo de ti-
Explicaciones, ¿para qué? -nada te diré-
mi cariño jamás te importó;
hoy sólo tienes insólitos argumentos
anclados en la melodía que enmarcó un inesperado adiós.
Mi estrategia falló, ni con la distancia dejé de pensarte
aún llevo inscrito las huellas que TÚ dejaste en el tiempo.
Tantas veces he cambiado mis recuerdos por tu olvido,
pues acabo de fracasar en dicho intento,
ahora dime, ¿existe la posibilidad de arrancarte del recuerdo?
Autor: Quituisaca Samaniego Lilia
A tu nombre

Tu comportamiento es banal,
dices que no tiene valor, que nada significa para ti.
Sin embargo, osas de atrevida y me lo arrebatas con crueldad.
Mi sueño cayó en desmedro, no debí contártelo,
ahora asumo la ingenuidad del alma,
soy esclava de tu intriga lapidaria.
Hoy que eres su dueña
con aires de grandeza menosprecias su aliento.
El manantial oprimido de cenizas –humillado-,
rompe tu sentencia, se desborda
y en su recorrido va grabando
el ardor de sus entrañas.
Lluvia de raídas aventuras,
tienes una atrevida forma de hacernos daño,
esparces con ácido encubierto
la cálida fortuna de lo eterno.
Autor: Quituisaca Samaniego Lilia
PUÑALES DE DOLOR
¿Quién puede decir con seguridad
qué la rosa tiene espinas solamente?,
yo no lo creo, y mil razones tengo
para deducir su hipocresía.
Llevas un aroma inigualable,
tus rayos de luz reflejan las estrellas
contigo caminaba contra el tiempo, y
sin pensarlo te protegía
del impetuoso viento.
Me inspiraste confianza, no lo niego,
fingiste consolarme;
y cuando me acercaba
para descifrarte mis secretos,
sonriente me decías:
no lo pienses dos veces
soy tu confidente…
No quiero ni pensar
que tu amistad fue fingida,
no sentiste compasión…,
¿qué daño te hice?,
si humildemente elogiaba tus fulgores,
pero, me arrebataste todo
de lo nada que yo tenía,
me arrebataste mi amiga fiel
que después de mi madre es la vida.
Por la espalda me clavabas tus puñales,
mi cuerpo mi alma lo sentían;
ignoré aquellas quejas, y
aunque el corazón me lo decía
seguí siendo tu amiga.
Una tarde…,
de mi pecho arrancaste la ilusión,
de mi destino la vida,
ya nada, absolutamente nada te hace falta
para terminar conmigo.
No sabía:
que mi sufrimiento era tu felicidad,
que mi dolor era tu alegría,
que mi muerte es tu vida.
Aunque tu osadía
simboliza el peor de los males,
te considero la mejor de las flores todavía.
Entonces estoy segura
que la rosa tiene más que espinas,
sus puñales invisibles van matando lentamente, y
mucho tiempo se tarda en descubrir su hipocresía.
