A tu nombre



Tu comportamiento es banal,
dices que no tiene valor, que nada significa para ti.
Sin embargo, osas de atrevida y me lo arrebatas con crueldad.

Mi sueño cayó en desmedro, no debí contártelo,
ahora asumo la ingenuidad del alma,
soy esclava de tu intriga lapidaria.

Hoy que eres su dueña
con aires de grandeza menosprecias su aliento.

El manantial oprimido de cenizas –humillado-,
rompe tu sentencia, se desborda
y en su recorrido va grabando
el ardor de sus entrañas.

Lluvia de raídas aventuras,
tienes una atrevida forma de hacernos daño,
esparces con ácido encubierto
la cálida fortuna de lo eterno.

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

PUÑALES DE DOLOR


¿Quién puede decir con seguridad
qué la rosa tiene espinas solamente?,
yo no lo creo, y mil razones tengo
para deducir su hipocresía.

Llevas un aroma inigualable,
tus rayos de luz reflejan las estrellas
contigo caminaba contra el tiempo, y
sin pensarlo te protegía
del impetuoso viento.

Me inspiraste confianza, no lo niego,
fingiste consolarme;
y cuando me acercaba
para descifrarte mis secretos,
sonriente me decías:
no lo pienses dos veces
soy tu confidente…

No quiero ni pensar
que tu amistad fue fingida,
no sentiste compasión…,
¿qué daño te hice?,
si humildemente elogiaba tus fulgores,
pero, me arrebataste todo
de lo nada que yo tenía,
me arrebataste mi amiga fiel
que después de mi madre es la vida.

Por la espalda me clavabas tus puñales,
mi cuerpo mi alma lo sentían;
ignoré aquellas quejas, y
aunque el corazón me lo decía
seguí siendo tu amiga.

Una tarde…,
de mi pecho arrancaste la ilusión,
de mi destino la vida,
ya nada, absolutamente nada te hace falta
para terminar conmigo.

No sabía:
que mi sufrimiento era tu felicidad,
que mi dolor era tu alegría,
que mi muerte es tu vida.

Aunque tu osadía
simboliza el peor de los males,
te considero la mejor de las flores todavía.

Entonces estoy segura
que la rosa tiene más que espinas,
sus puñales invisibles van matando lentamente, y
mucho tiempo se tarda en descubrir su hipocresía.

LLORANDO


Sí, enamorada de tu imagen
tu sonrisa, ¡enamorada¡,
lo predico siempre…

¿Cómo imaginé amarte tanto?
¡No lo comprendo!, si mis labios
tristemente humedecidos,
claman tu nombre, hasta saciarse
de un dulce veneno mortal.

Llegué a pensar que mi vida
sin tu recuerdo no existiría;
hoy descubro que: ¡te quiero,
sí, te quiero, te quiero!, ¡¡pero,
no te amo!!.

Llorando incansablemente
gotas fugaces de rocío
reconozco mi tragedia.

¿Qué culpa tengo?,
si, mi corazón no te olvida,
dime, ¿qué culpa tengo?,
si mi pensamiento sueña contigo;
dime por favor, ¿qué culpa tengo
de añorarte tanto?.

¡¡Dímelo, estoy llorando!!

Autor: Quituisaca Samaniego Lilia

Hello world!


Welcome to WordPress.com. This is your first post. Edit or delete it and start blogging!