Visual Analytics & Big Data. Data Scientist. Open Data. Open Access. Data Mining. R. Weka. Scientific divulgation. Researcher. Also, I'write poetry: "Art perfects the senses"
Autor: Lilia Quituisaca-Samaniego (Lilivi)
Business Intelligence Coordinator - BIC, Equivida S.A.
Master's degree: Visual Analytics & Big Data.
Ingeniera Informática, Universidad Central del Ecuador.
Data Scientist. Data Sciences. Data Mining. Big Data. Visual Analytics. Machine Learning. Artificial Intelligence. Open Data. Open Access. TIC's. Open Source. R. Weka. Scientific divulgation. Researcher. Informática forense. TIC's.
Además, me apasiona escribir, declamar poesía: "El arte perfecciona los sentidos".
Guasuntos, Ecuador.
Al inicio del mes, debajo de un paraguas amarillo verdoso le alquilaron un lugar por unas cuantas raciones de visitas. Llegó la quincena y en el verano más atroz, un rosario de gotas amansaron la ansiedad de la tejedora de ochos patas y ochos ojos…
Hace un año, venas en añicos de fruncidas cicatrices,
hace un mes, soleadas arrugas revestidas de tributos,
hace una semana, lluvia hundida en lechos regañados.
Ayer, hálito roto en el último bocado
del polvo esparcido sobre tallos tiernos.
Hoy, apenas amaneció,
disparos de carbón encapsulados en el estallido de gas;
en la tarde, cataclismo lisiado de partículas lánguidas;
y antes de la medianoche,
alquimia desnuda del humo azotado
por la combustión suplente.
Transmutación.
Mañana, al mediodía,
serás flor mágica con vientre de amapola,
al atardecer,
lava recostada en andamios de palabras,
al terminar la noche,
cavidad sin dobleces con golpes de cascada en brasas.
Autor: Lilia Quituisaca-Samaniego
Guasuntos - Ecuador, 2021
Poesía basada en la escultura pictórica: YO, DE NUEVO de la artista Verónica Virreira, y desarrollado en el taller «El arte como nuevo comienzo» junto a Gabriel Chávez Casazola y Oscar «Puky» Gutiérrez en Santa Cruz – Bolivia.
La naturaleza nos alivia quebrantos, la naturaleza nos brinda recuperación final y tú -mi consentido- con las palabras precisas: «ningún dolor es tan fuerte como el valor que tenemos para superarlos«. A tu lado vendrán más experiencias y aprendizajes.
... eres pincel que suaviza duros colores, eres plastilina moldeada con esteques, eres gubia de madera pulida, eres espejo transformador de cascada, eres canto de tórtola en protesta, eres alas de cóndor en planeación, eres remanso de laguna...
Eres uno de los cuatro hombres de mi vida, eres el artista que amo y respeto...
Sobre el puente enmudecido retumba el eco de la cuerda rota en tres pedazos.
El primero se incrusta en el borde blando de la partitura, su fuerza dibuja el compás real que debería tener la tarde; el otro se queda guindado en la parte superior, exige que la tercera clavija le retuerza a la derecha hasta que el vacío engulla su timbre por completo.
Y el último pedazo anudado permanece rebelde, no quiere que los dedos impávidos rasguen romanticismos torpes.
La torre de catorce metros está nublada hasta los siete metros desde la cúspide, faltaban tres minutos para la medianoche. En el último peldaño de la plataforma, ella, la de rizos rebeldes y argumentos desteñidos saca de una mochila compartida un viejo arnés que grita al medio segundo de chocar con el aire denso del acantilado. Luego del medio segundo restante, justo en el primer minuto del sábado, su acompañante desde la antepenúltima plataforma divisó un timón sin óxido que reflotó con la muchacha inmóvil. Él, temeroso de las alturas, víctima de ansiedad se desmaya, pierde el equilibrio, su brazo cae de golpe, pesa, nunca más despertará, su respiración dejó de ser vida y de los binoculares rotos salen cristales disparados para devolverle la visión a Soledad de Abril.
Antes que termine el primer trimestre de este año hice maletas y en el equipaje de los libros no podía faltar Tarasca, adquirí dos ejemplares hace algunos meses, uno para uso personal y el otro para regalo; de vez en cuando quiero ser rama injerta con quienes disfrutan leer. Apenas llegó el libro de Katerine Ortega a mis manos leí de corrido los catorce cuentos que están agrupado en dos partes: Arenas movedizas y Onomatopeya.
Cada historia se engrana modestamente en escenarios y nombres de personajes que retumban en la memoria y según pasan los días; por eso en unas de las largas caminatas realizadas por New York volví a releer debajo o sobre los grandes espejos estáticos o los ventanales que se mueven al ritmo de la sensibilidad de Katerine.
He preguntado no sé cuántas veces
pero nadie contesta mis preguntas.
Es absolutamente necesario
que el abismo responda de una vez
porque ya va quedando poco tiempo.
(Tres poesías, Nicanor Parra)
El procedimiento empieza con gotas de colirio desplazados en las sombras del miedo envolvente y las evidencias se desparraman en humanos robotizados que en retroceso se convierten en máquinas simples e involuntarias. Aún saben que son raíz momificada de las semillas congeladas; sin embargo, algunos brotes se niegan a florecer, dicen que las maravillas al menos una vez se tiñen de color fantasma, ese color neutro con el que nos ungimos cuando cerramos la cuenta de los años o como ese color de arena martillado en un reloj esclavizado por catorce mil minutos de los veinte y seis mil faltantes.
Y adiós; que con el ahogo que me embarga los alientos, ni sé ya lo que te digo ni lo que te escribo leo. (Sor Juana Inés de la Cruz)
Cada circunstancia está ocupada por tallos añejos,
los instantes invadidos por respuestas monosílabas;
los números descendientes de las calles
entrecruzan avenidas ostentosas y afanadas.
La mecedora remendada por quince días faltantes
tritura las promesas de juramentos ajenos...
Un manto de grandes plumas
simulan un torrente de siluetas ausentes,
mensajes sin letras o reacciones disonantes.
El velador desgasta los diez días faltantes
y desplaza el eje del pomo con rodelas místicas...
Quedan ganas de empuñar el carboncillo
y emborronar el último párrafo de la carta.
Los agobios no sentidos ameritan
un esparadrapo clínico en la explicación.
El timbre roto disuelve los cinco días faltantes,
no hay espacio para conciencias rezagadas.
Desde hoy, el rondador entona sentencias:
«una vez la tormenta enmudece,
una vez disimula la despedida ventosa,
una vez, tan solo una vez, se dice adiós.»
Autor: Lilia Quituisaca-Samaniego New York, Mayo 2021
Cada media hora se rejuntan trece gansos,
estampan una silueta escapista frente al redentor
con graznidos de gimnasia, alineación en espiral.
Uno se adelanta,
los demás hacen tres grupos de cuatro,
a una distancia larga aletean e invocan,
a una distancia precisa rasguñan el cielo,
a una distancia milimétrica ya no buscan regresar
creen que allá arriba se pueden zambullir;
su recorrido aparenta quietud.
El noble mineral mate anuncia desaforado:
«el muelle se queda sin visitantes,
el muelle atrapará solo instantes...»
El muelle entiende, sabe de adioses, canta:
«un río sin vertientes borda nubes
en las bocanadas de un atardecer,
engulle maderos cifrados
hasta su esternón, búnker sin ennudecer...»
Autor: Lilia Quituisaca-Samaniego New York, Mayo 2021