Hace tiempo, entre talleres, encuentros y lecturas, conocí a Yesenia Espinoza. Desde entonces, hemos compartido el gusto por la escritura: a veces, riéndonos del tiempo; otras, reflexionando con más prudencia sobre la vida. Siempre procuro tener en casa sus publicaciones, porque cada una guarda una enseñanza especial.
En junio de 2021, llegó a mis manos El Señor Pestañas, publicado por El Ángel Editor. Este libro nos conmovió profundamente, incluso a quienes aún no somos madres pero llevamos ese sueño en el corazón. En casa, Emilio fue el primero en leerlo. Al terminar, notó cómo escapaban lágrimas de los ocho adultos presentes. Sus palabras quedaron grabadas en mí: «…El Señor Pestañas es feliz. Ustedes, ¿por qué lloran? Él siempre vendrá de dos vientres». Luego, se acercó, me abrazó y, con esa mirada retadora de niño, preguntó: «¿De verdad quieres ser mamá? Verás, ellas tienen muchos poderes, pero el más importante es que son fuertes. Tienes que aprender mucho, tía».


En julio de 2023, llegó Mamaíta Guillermina (editado por El Farolero Ediciones), un cuento que nos permitió adentrarnos en los recuerdos más tiernos y la sagrada conexión con su abuela. En este año 2025, apareció La Visitante Espacial (El Ángel Editor), una historia que nos transporta a la infancia, recordándonos la importancia de soñar, compartir, crecer y, sobre todo, volver al origen para reconectarnos con lo esencial.


En junio de 2025, estos ejemplares llegaron justo cuando los pequeños de la casa comenzaban sus vacaciones de la «escuela normal» (como ellos llaman a la educación formal) para sumergirse por completo en la «escuela creativa» (su nombre para el aprendizaje libre). Como familia, nos esforzamos por acercarlos al arte, especialmente cuando su curiosidad los impulsa a crear e imaginar sin límites.
Al entregarles los cuentos, capté sus reacciones: mi sobrino que está entrando a la adolescencia, tomaba notas mientras leía para investigar después lo que no entendía; la más pequeña, inmersa en su mundo artístico, se dejó llevar por las ilustraciones, bailando entre palabras y colores. No solo estaba aprendiendo el abecedario, sino también descifrando historias a través de los dibujos que ella misma recreaba con su imaginación.


Esta vez, quiero compartir las lecturas de las ilustraciones. Bastó con mencionarle los nombres de las protagonistas para que, al abrir las páginas, su mente volara y nos narrara sus propias versiones de las historias.
Por eso, agradezco profundamente a quienes aún apuestan por los libros impresos. No hay comparación con lo digital: el tacto del papel, el olor a tinta y la magia de pasar páginas son experiencias que alimentan el alma lectora.
— Lilia Quituisaca-Samaniego
📖 Escritora | Directora – Proyecto LeaMoS
🔗 https://liliaquituisacasamaniego.com
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