Visual Analytics & Big Data. Data Scientist. Open Data. Open Access. Data Mining. R. Weka. Scientific divulgation. Researcher. Also, I'write poetry: "Art perfects the senses"
Mi consentido, desde el vientre de mamá sabía que los libros son sus compañeros ideales y ahora con más edad lo ha incrementado: inventa, cuenta, aprende, juega, sonríe, pinta, danza, dibuja, lee, vive… Desde casa celebrando el Día internacional del libro…
Su voz entona interrogantes: — Lilia ¿Cuántas líneas te faltan? — Solo dos. Le dije la primera vez. Se quedó a mi lado para verificar su equivalencia en tiempo. Esperó cinco minutos y se percató que me llegaban mensajes, correos y hasta una llamada que no pude rechazar. — ¿No vas a terminar, verdad? ¡No es tan fácil completar una línea!
Lo vi alejarse por un momento y cuando regresó traía refuerzos -sus abuelos, sus tías y Elías Julián-. Con firmeza tomó mi mano; me condujo a mirar el cielo. — Lilia ¿Sabías que algunas veces las manos se cansan de escribir? Vamos, cuéntale a la luna y pídele permiso para sostenerla. Dile que crees en su magia. Vamos, dile… No tengas miedo, dile…
Solo suspiré, la inercia de mi pensamiento no coordinó palabras para responder. — Lilia, aprende… Yo le cuento a ella que extraño muchas cosas. No le pido nada y cuando duermo sueño con mi mamá. Hace magia.
De pronto volteó su cabeza porque escuchó que una de sus tías tenía miedo del «coronavirus»; él inmediatamente intervino: — Rosi, solo debemos tener miedo a los monstruos y eso si alguna vez existen, el coronavirus solo es una enfermedad.
En ese momento le abracé tan fuerte para que mi corazón no se detenga, aunque en casa todos sabemos la importancia que tiene cada segundo en los días; sin embargo, los pedazos de tiempo albergan instantes que deambulan con libertad ajena.
Algunas circunstancias nos atrapan para convertirse en momentos y pocos de estos se vuelven escritos.
Lumbre cobijada con jirones chispeantes,
semilla germinada con atuendos inconformes.
Consentido y consentidor,
roles asumidos desde las entrañas de la vida.
Hoy, al fin puedo aligerar -un poco- las emociones que son ávidas consecuencias de una tregua o ¿será la forma legítima que tiene la madre tierra para decir «basta»?
En estos últimos días las actividades del calendario han sido reforzadas; las ocurrencias son vivencias cotidianas y sobretodo las palabras de nuestro consentido nos permiten retomar la tan ansiada realidad.
«Está pasando algo raro en el cielo, de repente, oscureció…»
«Me dio ganas de estar junto a ti…»
«Te daré la última oportunidad…»
Roderick Emilio Contento Quituisaca, marzo 2020
Él, Roderick Emilio, -apenas tiene cinco años- resultó ser más consciente que un adulto de 20 o más años; se adaptó a las circunstancias. Llegó el décimo catorceavo día viviendo lejos de sus padres; lo dejaron en la casa de los abuelos por precaución y por el amor más puro que existe -sin duda alguna- entre una mamá y un hijo; a la hora de almorzar sintió la enorme necesidad de acariciar con su mirada una fotografía familiar, unas cuántas lágrimas apretujaron su ternura e hizo que los corazones de su alrededor reconocieran la capacidad infinita que tiene su percepción.
Su mamá -mi hermana, la doc Adriana- está al frente de la situación de emergencia, así como muchas personas que no son solo héroes, sino son humanos solidarios, seres perseverantes, almas bondadosas, profesionales éticos; sí, ellos asisten físicamente a sus lugares de trabajo; aunque el mismo aporte tienen quienes desde su casa siguen laborando o tele-trabajando.
Sin embargo, los héroes más grandes son los niños y sus abuelos quienes con su inocencia y experiencia respectivamente hacen que estos días de difícil entendimiento se conviertan en historias acogedoras. Por ejemplo, al desayunar, almorzar o merendar se implantaron algunas rondas de chistes, completa palabras, muecas, cuentos, risas, etc.; no puede faltar las pausas activas con múltiples concursos de dibujo, pintura, canto, baile, narración, deporte, etc.; tampoco hace alarde de las habilidades que tiene para aprender el oficio prudente de sus antecesores -la carpintería-; y por supuesto no se queda atrás las tareas escolares que debe cumplir a diario.
Mi consentido faltan múltiples anécdotas por imprimir…
Cuando me enseñaron a gatear, caminé; cuando me enseñaron a caminar, corrí; cuando me enseñaron a correr, intenté volar; más cuando del nido me soltaron para abrir mis alas me percaté que aún sigo intentando hacerlo; y en cada etapa jamás cuestioné el calzado que usaba.
Contadas veces no calzaron adecuadamente:
Cuando apretaron demasiado lastimaban cruelmente mis tendones y sin embargo siempre existieron personas que procuraban curar esas llagas.
Cuando fueron demasiado grandes, algunos por comodidad sumergieron sus pies también, aprovecharon la situación; y costó mucho decir ¡basta ya!, ¡hasta aquí llegamos!, ¡adiós!, etc.
Soy afortunada. Existen personas que procuran curar y acompañar mi recuperación; me abrazan fuerte cuando se rompe el alma y las lágrimas invaden mi cuerpo; besan mi frente para descartar sutilmente algún peligro. Ellos -mi familia, mis amigos-.
Ahora entiendo que debo quitarme los zapatos para no hacerme más daño porque terminan siendo anclajes pesados y capaz que para volar es necesario dejarlos por completo.
Eres la pausa activa más precisa y cualquier dolor se alivia con tus frases convertidas en arte. Consentido mío -fortaleza de vida-. Aunque extrañas la naturalidad; eres libertad absoluta cuando cantas, bailas, pintas, escribes, cuentas, juegas, enseñas y aprendes…
Sentada sobre una duda traviesa,
entrecruzó la inmortalidad estrujada;
ingenua suponía que el mundo no tenía codicia;
-ella- creía que soportaría las palmaditas de espalda
que algunos le brindan para instigar su cinismo.
Arterias como silueta de portada
son los hijos de papel
que llevan en su sangre tinta negra.
De ahí surgieron espectros evolucionados
para cotejar las gotas saladas
con el eslabón que al corazón despuntaron.
Sumisa a los espejismos que idolatra el egocentrismo,
tendencia necia que eclosiona habitualmente;
no soporta la realidad ni el cuestionamiento...
—Lilia Quituisaca-Samaniego
¡Cuánta razón alberga tu juego de hoy! en especial cuando me pides que cierre los ojos y acto seguido mencionas que debo aprender a abrirlos ya que solo ahí descubriré algo extraordinario.
De esta manera me dice: tranquila, sonríe; tienes familia, amigos y arte…