Visual Analytics & Big Data. Data Scientist. Open Data. Open Access. Data Mining. R. Weka. Scientific divulgation. Researcher. Also, I'write poetry: "Art perfects the senses"
A los tiempos vino de visita.
Llegó a recordarme que debo volver;
si, volver a sus brazos ásperos, fuertes y vigorosos.
Retornó para decirme que aún conserva nuestro lienzo,
ese que bordamos en la primera noche;
si, el de color verde aceituna,
ese color de mayo y junio con olor a nostalgia.
Como tributo,
sobre mis palmas impregnó doce estambres;
si, antes de irse por n-ésima vez.
—Lilia Quituisaca-Samaniego
02/06/2020, Guasuntos - Ecuador
Hay quienes se convierten en fortaleza y generalmente los tenemos cerca, en mi caso: la familia, nuestro hogar, mis amigos. Tiempo para descartar sutilezas, espacio permitido para reconocernos y seguir apoyándonos.
Nos negamos a seguir una corriente novelera y sin fundamento. Somos lo que somos y punto, sin arrepentimientos. Simplemente, hacemos uso del «extraño» oficio de pensar y discutir con argumentos.
Brumas de fuego lanza su boca,
leguas diagonales redirigen los abrazos.
¡Cómo duele!
Abrazos congelados, abrazos pisados,
abrazos segados;
sí, los detuvieron antes de llegar al muelle...
—Lilia Quituisaca-Samaniego
Los buitres sobrevuelan, ingenuos,
hacen planes con lo que aún no perece…
Hay quienes pretenden no entender,
hay quienes no logran entender, y
hay quienes por conveniencia nada entienden...
Al finalizar la jornada grandes tesoros me esperan. Humildemente, siempre ha sido así. Disfruto tanto de compartir sus ocurrencias, de filosofar en temas importantes, de cuestionar decisiones para que las soluciones tengan al menos sentido común -como dice mi sobrino-. Estamos aprendiendo a conocernos un poco más, a desechar el coraje o la frustración, a energizarnos con risas, ejercicios, inventos y tantas alternativas de juegos que aparecen de repente.
Somos eso: creadores de experiencias, ritmo sin disimulo, auto-crítica responsable, …
Mi consentido, desde el vientre de mamá sabía que los libros son sus compañeros ideales y ahora con más edad lo ha incrementado: inventa, cuenta, aprende, juega, sonríe, pinta, danza, dibuja, lee, vive… Desde casa celebrando el Día internacional del libro…
Su voz entona interrogantes: — Lilia ¿Cuántas líneas te faltan? — Solo dos. Le dije la primera vez. Se quedó a mi lado para verificar su equivalencia en tiempo. Esperó cinco minutos y se percató que me llegaban mensajes, correos y hasta una llamada que no pude rechazar. — ¿No vas a terminar, verdad? ¡No es tan fácil completar una línea!
Lo vi alejarse por un momento y cuando regresó traía refuerzos -sus abuelos, sus tías y Elías Julián-. Con firmeza tomó mi mano; me condujo a mirar el cielo. — Lilia ¿Sabías que algunas veces las manos se cansan de escribir? Vamos, cuéntale a la luna y pídele permiso para sostenerla. Dile que crees en su magia. Vamos, dile… No tengas miedo, dile…
Solo suspiré, la inercia de mi pensamiento no coordinó palabras para responder. — Lilia, aprende… Yo le cuento a ella que extraño muchas cosas. No le pido nada y cuando duermo sueño con mi mamá. Hace magia.
De pronto volteó su cabeza porque escuchó que una de sus tías tenía miedo del «coronavirus»; él inmediatamente intervino: — Rosi, solo debemos tener miedo a los monstruos y eso si alguna vez existen, el coronavirus solo es una enfermedad.
En ese momento le abracé tan fuerte para que mi corazón no se detenga, aunque en casa todos sabemos la importancia que tiene cada segundo en los días; sin embargo, los pedazos de tiempo albergan instantes que deambulan con libertad ajena.
Algunas circunstancias nos atrapan para convertirse en momentos y pocos de estos se vuelven escritos.
Lumbre cobijada con jirones chispeantes,
semilla germinada con atuendos inconformes.
Consentido y consentidor,
roles asumidos desde las entrañas de la vida.
Hoy, al fin puedo aligerar -un poco- las emociones que son ávidas consecuencias de una tregua o ¿será la forma legítima que tiene la madre tierra para decir «basta»?
En estos últimos días las actividades del calendario han sido reforzadas; las ocurrencias son vivencias cotidianas y sobretodo las palabras de nuestro consentido nos permiten retomar la tan ansiada realidad.
«Está pasando algo raro en el cielo, de repente, oscureció…»
«Me dio ganas de estar junto a ti…»
«Te daré la última oportunidad…»
Roderick Emilio Contento Quituisaca, marzo 2020
Él, Roderick Emilio, -apenas tiene cinco años- resultó ser más consciente que un adulto de 20 o más años; se adaptó a las circunstancias. Llegó el décimo catorceavo día viviendo lejos de sus padres; lo dejaron en la casa de los abuelos por precaución y por el amor más puro que existe -sin duda alguna- entre una mamá y un hijo; a la hora de almorzar sintió la enorme necesidad de acariciar con su mirada una fotografía familiar, unas cuántas lágrimas apretujaron su ternura e hizo que los corazones de su alrededor reconocieran la capacidad infinita que tiene su percepción.
Su mamá -mi hermana, la doc Adriana- está al frente de la situación de emergencia, así como muchas personas que no son solo héroes, sino son humanos solidarios, seres perseverantes, almas bondadosas, profesionales éticos; sí, ellos asisten físicamente a sus lugares de trabajo; aunque el mismo aporte tienen quienes desde su casa siguen laborando o tele-trabajando.
Sin embargo, los héroes más grandes son los niños y sus abuelos quienes con su inocencia y experiencia respectivamente hacen que estos días de difícil entendimiento se conviertan en historias acogedoras. Por ejemplo, al desayunar, almorzar o merendar se implantaron algunas rondas de chistes, completa palabras, muecas, cuentos, risas, etc.; no puede faltar las pausas activas con múltiples concursos de dibujo, pintura, canto, baile, narración, deporte, etc.; tampoco hace alarde de las habilidades que tiene para aprender el oficio prudente de sus antecesores -la carpintería-; y por supuesto no se queda atrás las tareas escolares que debe cumplir a diario.
Mi consentido faltan múltiples anécdotas por imprimir…