Visual Analytics & Big Data. Data Scientist. Open Data. Open Access. Data Mining. R. Weka. Scientific divulgation. Researcher. Also, I'write poetry: "Art perfects the senses"
Cuando irrumpieron la tarde y vaciaron mis manos, desgarraron del alma la confianza y del pensamiento la generosidad. Ese día aprendí a usar las manos vacías, ásperas de sentido. Instintivamente me cubrí el rostro para ocultar un sin fin de lágrimas que cayeron por 45 minutos en el trayecto de regreso. No pude gritar, nadie estaba a mi lado, hasta la presencia del fantasma protector faltó… Llegué a casa, me descompuse mucho más, esas lágrimas furtivas eran vertiente decepcionada, descontrol fulminante, ira inmóvil. Me sentí cobarde, culpándome del comportamiento de esa persona que no fue capaz de ser leal ni con ella mismo.
No faltó un bocado de agua transparente de mi hermana mayor, la repelada de mi hermana menor. Mis padres vieron mis párpados hinchados, se acercaron prudentemente y con un abrazo intentaron aminorar mi desgano de hablar.
Mamá, con dureza me exigió que no llore más, en cambio papá pasó un pañuelo de color gris por mi rostro, nunca tocó mis ojos y con firmeza mencionó —Lo que haya pasado ¿merece que llores?
No quise responder. Entonces, me llevaron al lugar de los juicios, la mesa de laurel, siempre estaba preparada. Todos sentados, atentos para escuchar mi relato con argumentos válidos.
Desvainé el último hálito y me culpé las veces necesarias por seguir siendo la niña confiada, la joven generosa, la mujer engañada… Aquella tarde-noche, ellos, me dijeron que «si otra vez sientes las manos vacías, a manos llenas empuña los retos, empuña la tierra y construye tus metas aunque solo tu sombra te acompañe«.
Inmediatamente, me abrigaron en su nido extendido, acompañaron mis pasos, los primeros miembros de mi familia impusieron el ritmo con su ejemplar valentía y los que iban detrás me dieron la confianza para no quedarme rezagada; decidieron levantarme cuando caí por la decepción, ofensas y deslealtad de quien creí que era distinto.
¿Cuánto duró la audiencia?
Han pasado 40 meses y este domingo al nombrarte, ya no dueles; se esfumaron de mis recuerdos el maltrato, la manipulación exclusiva y hasta tus cuotas impagas se vuelven nada frente al regocijo de estar junto a mi familia, sé lo que significa tener una y sobre todo tener a mis dadores de vida como mis guías permanentes.
Por eso, para mi «…valorar, no significa «monetizar» o «firmar compromisos», valorar, es «exigirse más» para cumplir con los objetivos que se propone; pero, cuando uno se dilata para no cumplir, eso para mi es un engaño y por ende se pierde la confianza…»
Los hombres y mujeres de mi vida ponen pretextos para: apoyar mis imprudencias, proteger mis nuevos rumbos, esperarme despiertos, abrazar mis sueños, desanprender y reaprender; los demás, solo excusas para: no pagar sus deudas, no ser leales consigo mismo, no abandonar su ego y seguir siendo personajes sin libreto en su mayor obra (in)titulada «mediocridad«.
Ríe, ninguna carcajada es cobarde, grita libertad, la garganta necesita silencios binarios. ¡Emociónate! El alma a veces necesita rederigirse, pinta lluvia, hay texturas estériles que deben fecundar, canta, los jilgueros dorados sufren de amnesia, danza sin cordones, el aire necesita puntillas que giren a su derecha, cuenta, algunas hojas vencidas se vuelven billetes sin valor, inventa filosofías, la vida quiere al menos una receta comprobada...
En este momento, muy bien pudiese publicar todo lo escrito entorno a nuestro viejo roble de hierro, publicar sus recuerdos en fotografías o vídeos, contarles sus anécdotas, reflexionar a través de sus frases muy bien concebidas; hasta quisiera ser la egoísta que le pide al tiempo darme una sola oportunidad para que al menos uno de mis hijos disfrute su regazo. Sin embargo, su fuerza va en desmedro y junto a ello la impotencia nuestra de poder tan solo extender las manos para ser su bastón, estar atentos al mínimo movimiento y descifrar sus delirios…
Pudiese detallar tantas, tantas historias, y no me atrevo…
No tengo miedo al espejo de los años sino a la lluvia imparable que cae de mi alma después de escucharle decir: «…ahora, siento que cada semana será como un cumpleaños más. Ya estoy viejo; ahora, los dedos pequeñitos de una guagua me peinan en la mañana; ahora, solo recuerdo el nombre de mi madre, María Catalina Quituisaca, y solo la de mi h…«
Sus momentos de claridad y olvido motivan, sé que somos afortunados de seguir aprendiendo a su lado, noventa y seis años de tu vida y treinta y cinco años de la mía que son un baúl abierto de recuerdos.
Taller: Semilla de versos. Tallerista: Gloria Edith Ocampo López. Tema: Primero el cuerpo es admirado, después es la palabra. Lugar: Fundación Grainart, Colombia
No hay regalo más oportuno que verles disfrutar como niños, como cuando no hay poder humano que impida soñar despiertos. Nada les doblega, ustedes -mis padres-.
Más hoy, mujer cumples siete décadas; no dejas de ser estricta, valiente y generosa. Siguen con más fuerza tus frases poéticas para reclamarle al tiempo por agobios, te escucho silbar para ahuyentar infamias de la envidia, te acompaño a entonar canciones para resguardar la emoción de sentirte amada. Por supuesto, no faltó esa persona que te hizo llorar de decepción; sin embargo, fuiste sabia al cuidarle hasta su último momento -con el apoyo de papá-.
Me enseñaron que nada es más satisfactorio que ser nosotros mismos, no perder la esencia y devolverle a la naturaleza la tranquilidad que nos brinda. Este fin de semana, definitivamente fue distinto y memorable; a mi lado, ellos se emocionaron tanto y por primera vez escuché a mi padre sentirte en deuda con la vida porque estuvimos acompañados de personas extraordinarias que no tienen celo de compartir sus experiencias y de asesorarnos. Existe una fuerza natural que nos lleva a conocerles, de eso, sí, estoy completamente convencida. Algunos cuando se enteran que soy agnóstica me preguntan, entonces, ¿en qué crees?, pacientemente respondo en mi familia: mis padres, hermanas, y ahora en mis dos sobrinos, también. Quizá no hace falta recalcarles que de ellos aprendí la capacidad infinita de perdonar, siendo el acto de amor más grande que tienen los seres vivos; a esto agréguenle el valor de la lealtad, la comprensión y la fortaleza para cumplir objetivos.
Somos lo que ellos nos enseñaron,
somos lo que nosotros perseguimos,
somos lo que viene por añadidura, y
justo ese detalle es la mayor experiencia...
Gracias don Rodrigo, sra. Aracely, sra. María, Sintia, Aníbal, Amelia, Esteban; Jonathan Patricio y su mamá, la sra. Teresa por su tiempo y enseñanzas.
Al inicio del mes, debajo de un paraguas amarillo verdoso le alquilaron un lugar por unas cuantas raciones de visitas. Llegó la quincena y en el verano más atroz, un rosario de gotas amansaron la ansiedad de la tejedora de ochos patas y ochos ojos…