Visual Analytics & Big Data. Data Scientist. Open Data. Open Access. Data Mining. R. Weka. Scientific divulgation. Researcher. Also, I'write poetry: "Art perfects the senses"
Odiseo, te esperé, sí, no como una estatua sino como la reina Penélope que sabe que la paciencia también es una guerra. Tejí un reino con hilos rotos, goberné entre lobos, sonreí ante cuchillos afilados. Mientras tú navegabas entre dioses y monstruos, los años han tallado surcos en tu rostro, tu voz agobiada, hablas como mendigo y caminas como extranjero. Reconozco la cicatriz que la fiera te dejó en el muslo, la forma en que tus ojos miden la sala, buscando enemigos entre las sombras. Regresas con historias de sirenas y gigantes. Yo solo tengo cicatrices calladas.
Ya no soy la mujer que contaba las lunas. ¿Volveremos a ser los mismos? No. Tal vez eso sea lo único verdadero que nos queda.
Cuando irrumpieron la tarde y vaciaron mis manos, desgarraron del alma la confianza y del pensamiento la generosidad. Ese día aprendí a usar las manos vacías, ásperas de sentido. Instintivamente me cubrí el rostro para ocultar un sin fin de lágrimas que cayeron por 45 minutos en el trayecto de regreso. No pude gritar, nadie estaba a mi lado, hasta la presencia del fantasma protector faltó… Llegué a casa, me descompuse mucho más, esas lágrimas furtivas eran vertiente decepcionada, descontrol fulminante, ira inmóvil. Me sentí cobarde, culpándome del comportamiento de esa persona que no fue capaz de ser leal ni con ella mismo.
No faltó un bocado de agua transparente de mi hermana mayor, la repelada de mi hermana menor. Mis padres vieron mis párpados hinchados, se acercaron prudentemente y con un abrazo intentaron aminorar mi desgano de hablar.
Mamá, con dureza me exigió que no llore más, en cambio papá pasó un pañuelo de color gris por mi rostro, nunca tocó mis ojos y con firmeza mencionó —Lo que haya pasado ¿merece que llores?
No quise responder. Entonces, me llevaron al lugar de los juicios, la mesa de laurel, siempre estaba preparada. Todos sentados, atentos para escuchar mi relato con argumentos válidos.
Desvainé el último hálito y me culpé las veces necesarias por seguir siendo la niña confiada, la joven generosa, la mujer engañada… Aquella tarde-noche, ellos, me dijeron que «si otra vez sientes las manos vacías, a manos llenas empuña los retos, empuña la tierra y construye tus metas aunque solo tu sombra te acompañe«.
Inmediatamente, me abrigaron en su nido extendido, acompañaron mis pasos, los primeros miembros de mi familia impusieron el ritmo con su ejemplar valentía y los que iban detrás me dieron la confianza para no quedarme rezagada; decidieron levantarme cuando caí por la decepción, ofensas y deslealtad de quien creí que era distinto.
¿Cuánto duró la audiencia?
Han pasado 40 meses y este domingo al nombrarte, ya no dueles; se esfumaron de mis recuerdos el maltrato, la manipulación exclusiva y hasta tus cuotas impagas se vuelven nada frente al regocijo de estar junto a mi familia, sé lo que significa tener una y sobre todo tener a mis dadores de vida como mis guías permanentes.
Por eso, para mi «…valorar, no significa «monetizar» o «firmar compromisos», valorar, es «exigirse más» para cumplir con los objetivos que se propone; pero, cuando uno se dilata para no cumplir, eso para mi es un engaño y por ende se pierde la confianza…»
Y adiós; que con el ahogo que me embarga los alientos, ni sé ya lo que te digo ni lo que te escribo leo. (Sor Juana Inés de la Cruz)
Cada circunstancia está ocupada por tallos añejos,
los instantes invadidos por respuestas monosílabas;
los números descendientes de las calles
entrecruzan avenidas ostentosas y afanadas.
La mecedora remendada por quince días faltantes
tritura las promesas de juramentos ajenos...
Un manto de grandes plumas
simulan un torrente de siluetas ausentes,
mensajes sin letras o reacciones disonantes.
El velador desgasta los diez días faltantes
y desplaza el eje del pomo con rodelas místicas...
Quedan ganas de empuñar el carboncillo
y emborronar el último párrafo de la carta.
Los agobios no sentidos ameritan
un esparadrapo clínico en la explicación.
El timbre roto disuelve los cinco días faltantes,
no hay espacio para conciencias rezagadas.
Desde hoy, el rondador entona sentencias:
«una vez la tormenta enmudece,
una vez disimula la despedida ventosa,
una vez, tan solo una vez, se dice adiós.»
Autor: Lilia Quituisaca-Samaniego New York, Mayo 2021