Visual Analytics & Big Data. Data Scientist. Open Data. Open Access. Data Mining. R. Weka. Scientific divulgation. Researcher. Also, I'write poetry: "Art perfects the senses"
Se debe prohibir la voz que cuestiona el poder que tiene sentido común que distingue mentiras que protesta con dignidad que critica discursos vacíos que evalúa e interpela que formula preguntas a los que buscan respuestas que diferencia la jerga del irrespeto que devora pan rancio, enmohecido… que golpea la fragua con sus manos lastimadas que no sabe entretener y mover la cola que no adula ni es servil por inercia que no se endulza con tendencias vagas.
De una vez, que sea permanente aplaudir solo a los que la prohíben.
Autor: Lilia Quituisaca-Samaniego Lugar y fecha: Quito, abril 2025
La vida es grata con uno, lo reconozco. Se vuelve recurrente palpar los resultados de pregonar y apoyar el arte. Aporto conscientemente porque esa dicha también la tuvimos en el hogar desde nuestros primeros días. Mis padres nos rodearon de libros, revistas, cuentos, enciclopedias en los que encontrábamos interesantes formas de viajar a escenarios y con la absoluta libertad criticábamos lo escrito.
El arte no tenía límites en casa. Las paredes eran lienzos, los papeles se convertían en bosques de tinta, y hasta los objetos más insospechados —ramas secas, esponjas viejas, tablones abandonados— se volvían herramientas de creación. También hubo espacio para el caos controlado: martillos que destrozaban muebles, cables de electrodomésticos desarmados (y nunca vueltos a ensamblar), harina esparcida en intentos fallidos de pan. Mis padres, entre regaños y risas, nos repetían: «Dañando se aprende. Investiguen. Prueben. No teman equivocarse».
Así, crecimos entendiendo que la vida misma era un taller abierto. Un experimento constante guiado por el sentido común, pero también por la urgencia de expresarnos. Porque el arte, al final, es eso: un desahogo que a veces susurra y otras veces estalla.
Hoy quiero compartir el poema «Fin del silencio», escrito por mi sobrino Emilio hace cinco meses, en medio de un dolor que aún resuena. Sus palabras no son solo versos; son un espejo de la crueldad social, un grito ahogado que muchos reconocerán.
Fin del silencio
Quiero colapsar. Terminar con todo. Destruir lo que hay a mi paso, desintegrarlo.
Quiero gritar, hacer llorar a alguien, arrepentirme...
Quiero sangrar, apretar mis huesos. Derribar el mal de esta pesadilla.
Descubrí a los que se burlan: ellos lanzan puntapiés a media canilla, hablan bajito, maltratan con señas y con la mano izquierda se tapan la boca.
Con la participación de 14 infanto-adolescentes se presentó la Primera Antología poética «Yo y mi mundo» editado por Mundo Visión Magazine y Voces que Cuentan. El prólogo, escrito por Kenia Acero, directora del grupo corporativo Mundo Visión desde Bergamo-Italia, nos invita a transitar por «una puerta mágica» para conocer las emociones de los escritores; y el preludio, escrito por Criss Ordóñez, directora del Proyecto Voces que Cuentan desde Portoviejo-Ecuador, manifiesta que los escritos son «el testimonio del poder de la niñez y adolescencia».
Les invitamos a leer sus textos en el siguiente enlace:
Con estas premisas nos adentramos en las letras de los noveles escritores que fueron convocados hace algunos meses. Doce de los 14 participantes pertenecen a la escuela Isaac A. Chico de la provincia del Azuay quienes han sido acompañados en este proyecto por la maestra Ana Lucía Caravajo, a quien tengo el gusto de conocer, con ella hemos compartido el gusto por la literatura. En la presentación de la antología, Lincon Meza unos de los miembros del jurado calificador, anunció a los ganadores de los tres primeros lugares:
1er lugar: Sebastián Domínguez, con el poema «La basura nos inunda»
2do lugar: Ariel Quinde, con el poema «Amor marchito»
3er lugar: Anabel Zúñiga, con el poema Madre
Además, con mucha satisfacción comparto un logro más de Emilio, mi sobrino, quien participó en este llamamiento. El título de su escrito nació hace años, cuando disfrutábamos de un paseo por el bosque cerca de la casa al que íbamos para llenarnos de energía; sin embargo, en uno de esos paseos le pregunté —¿Por qué te gusta pintar? y él con toda seguridad respondió —La naturaleza antes estaba completa, por eso pinto, para reconstruirla…
Ese diálogo lo tiene presente en cada actividad entorno al arte y lo plasma cuando danza, pinta, escribe, canta o actúa.
Finalmente, está en nosotros «los adultos» ser los intermediarios de nuestros niños para que se enrolen activamente en los procesos del arte.
6h40: Las mandarinas pálidas se detienen al filo del velador. Se resisten a caer sobre los pedazos de vidrio del jarrón que se precipita contra el mármol en el primer estruendo que desorbita el planeta.
7h20: La Tierra gime como mujer vencida, luego, anuncia a gritos una desgracia mayor. Nadie hace caso. Los humanos carecen de sensibilidad, no escuchan, no hablan, no entienden. Ni la pesadez de los párpados les detiene, mueven sus dedos mecánicamente sobre pantallas audaces e inteligentes…
7h40: Las rosas expulsan espinas a todos lados: los pájaros distraídos caen acuchillados, las arañas recién nacidas son devoradas por sus padres, la metamorfosis de las mariposas se trunca en la mitad del ciclo.
7h50: Los creyentes para escapar de los tumbos se refugian en la iglesia. Apenas comienza la liturgia, entre risas macabras, el sacerdote revela secretos de confesión. El monaguillo aturdido se coloca la soga al cuello, salta desde el púlpito, no soporta descubrir que fue violado en niño por su padre.
7h55: Un remezón final. Las almas son mudas, hipnotizadas por la misericordia de siempre: egocéntrica, egoísta, jueza vil, falsa redentora. Los cuerpos inertes apestan al instante.
7h57: El infierno se llena: toneladas de yeso ahogadas por el humo de cirios, troncos de madera astilladas de tantos ruegos, adobes rasguñados por los no creyentes, ajusticiados y enterrados vivos. Los hilos de oro del altar mayor se vuelven llaves oxidadas.
7h58: Nadie puede exigirme llevar la cuenta de los mundos destruidos, soy solo rastro fundido en la vereda de un nuevo escenario.
Dedicado a todos nuestros amigos, quienes se nos adelantaron al más allá para esperarnos como siempre…
El sentimiento y el tiempo murmuran historias, tejidas desde la memoria con hilos de verano; se vuelven vida, distancia y nostalgia especial.
Pocas veces, los años pasan, sigilosos, otras veces, los años pasan, indiscretos, en ese preciso momento, aparece la mejor de las gratitudes, la amistad.
En nuestras calles, los abrazos recopilan días; en los susurros, danzas y sonrisas prevalecen sueños compartidos; espacios sin límite donde todo confluye, conversaciones eternas.
Cada paso, juegos sin tregua; cada encuentro, intercambio de promesas; cada despedida, composición de grandes melodías.
Sin darnos cuenta, los amigos, cobijan nuestras sendas, se vuelven caparazón de nuestras almas; sin dudar, cubren nuestra espalda de golpes inesperados.
Sin embargo, llega el día del anuncio: alguien falta, luego son dos, tres, cuatro, … y dejas de contar porque duele saber que no volverás a sentir su cálida bienvenida.
Al menos una vez querrás conversar frente a su tumba, brindarás por su lealtad, recordarás sus frases repetitivas y con unas cuantas lágrimas tatuarás sus nombres…
Al final, en el universo somos un suspiro de aliento, seres cuya luz buscan la única realidad: volar libres, con alas de libertad.
Colisionaron un sinnúmero de pedazos contra la desgastada capa atmosférica. Esos pedazos, ya dentro de la tierra alcanzaron a tener vida propia, se dirigieron hasta las cumbres más altas, sin que les importara el frío de los nevados y el calor abrumador de los volcanes activos.
Vinieron cubiertos de trajes especiales, muy parecidos a un cascarón. Iban en cuadrillas para resguardar al líder de cada una, este se distinguía por el color del traje distinto a los demás del grupo.
Desde el monitor central de uno de los nevados más altos en los que me encontraba, alcancé a contar 270 grupos, se distribuyeron en todas las regiones del Ecuador.
Salí del refugio. Me apresuré a mirarlos. Cuando se despojaron del cascarón pude distinguir su forma. Medían alrededor de un metro. Ojos casi imperceptibles, diminutos, titilaban como luciérnagas. Tenían algo parecido a la boca, aunque solo se divisaba una línea recta o aserrada. Desde sus orejas triangulares se extendían unas extremidades parecidas a brazos y al final un solo dedo puntiagudo. Con el dedo izquierdo desaparecían los pajonales, el hielo, los riachuelos, las lagunas, los zorros, venados y las liebres. Con el dedo derecho lanzaban dinamita láser. En pocos instantes el nevado se volvió una tumba de piedras reventadas.
Cuando estos seres singulares se dieron cuenta de mi presencia, algunos se volvieron esporas blancas y los demás hilos de hollín.
Autor: Lilia Quituisaca-Samaniego Mayo 2024, Pichincha-Ecuador
La vida me permitió: llevarte en brazos para que ahora seas nuestro hombro, bastón y consuelo; darte la mano para ver que ahora marcas el paso y guías nuestro andar; no dejarte llorar para ahora sentir que eres pañuelo, sutura y médico estricto; inducirte en el arte y vivir para ello, mi artista favorito.
He recibido tus visitas esporádicas, sé que llegas algunas noches: cubres mis pies desnudos, alivias mis días con breves masajes en mi espalda y un leve suspiro se deshace en mi frente.
Intentamos cumplir con la planificación que hicimos meses antes de tu partida: las frutas cosechadas se convierten en mermelada, helado y pulpa; el cacao que sembramos se vuelven barras y figuras de chocolate: el café tostado nos recuerda a tu aroma; hay muchas flores que tienen visitantes a diario que zumban, trinan y se alimentan. La cosecha del maíz fue compartida, el 90% por las loras y el resto nosotros. Tus almácigos dieron buenas plantas para trasplantar y unas cuantas cañas de azúcar la consumimos a diario.
Nos imaginamos tu felicidad al ver como tus nietos disfrutan en el río, más cuando es torrentoso; les gusta la aventura y la adrenalina; y en la “casa de palo”, como dice tu nieta, cada vez generan más memorias con travesuras, experimentos y nuevos descubrimientos.
Por cierto, tenías razón, unos cuántos se alejaron, estuvieron hasta cuándo tu generosidad les favoreció; mientras tanto los otros, no nos recriminan por tu partida ni critican nuestro dolor, es más tienen tiempo para llamarnos, mensajearnos o venir a casa a saludarnos.
Avísame cuando podré visitarte y quedarme contigo para siempre porque hay tantas cosas que conversar mamá y tú llevas 24 meses ausente.
Sus gestos nos despiertan, sus regaños nos dan fuerza, su mirada nos abraza hasta calmarnos.
Duele y emociona, calma y conmociona, limpia nuestras lágrimas, besa la frente mientras dice "soy tu mamá" .
Hay, algo más que todo eso: su baile nos invita a recordar "lo feliz que fuiste" su canto nos lleva a la infancia "cantábamos juntos, sin que nos importe afinación alguna" sus palabras son muchas veces "de ti".
Ella, nuestra consentida heredó tu don especial para curarnos con versos, cantos, danza y besos.
Hace dos años, MAMÁ antes de salir de casa para realizarte los exámenes médicos, nos dijiste «no se preocupen, ya vuelvo», y por primera vez no cumpliste… Desde ese día, mi vida, también se fue…😭